viernes, 24 de julio de 2009

Acerca de “La pata de mono” de W. W. Jacobs.

Si comenzamos afirmando que este cuento de Jacobs es un “buen cuento”, seguramente, estaríamos complicados en la necesidad de definir varias cuestiones que, aparentemente, quedan demasiado implíticas. ¿De qué hablamos cuando hablamos de un “buen cuento”? ¿Cuáles son los requisitos con los que debe contar un cuento para que sea “bueno”? Y, por último, la necesaria pregunta que ya le han hecho a tantos escritores –entre ellos a Julio Cortázar–, ¿qué es un cuento para usted?

En 1983, Cortázar contestaba: “Yo creo que nadie ha definido hasta hoy un cuento de manera satisfactoria, cada escritor tiene su propia idea del cuento. En mi caso, el cuento es un relato en el que lo que interesa es una cierta tensión, una cierta capacidad de atrapar al lector y llevarlo de una manera que podemos calificar casi de fatal hacia una desembocadura, hacia un final. Aunque parezca broma, un cuento es como andar en bicicleta, mientras se mantiene la velocidad el equilibrio es muy fácil, pero si se empieza a perder velocidad ahí te caes y un cuento que pierde velocidad al final, pues es un golpe para el autor y para el lector.” (1)

Es a finales de siglo XX cuando Cortázar –un escritor argentino–, responde acerca de esa tensión, de ese envión necesario para que el cuento no se caiga. Y es a principio del siglo XX cuando Jacobs –un escritor inglés–, publica “La pata de mono”.

La trama en la que este autor trabaja el cuento fantástico resulta acorde con esa tensión. Los personajes se hallan, durante toda la trama, prendidos de una espera. ¿No es acaso la espera el tópico, por excelencia, de ese efecto de tensión? ¿No provoca esa tirantez de sostener el conflicto de la historia hasta su resolución? Podría objetársenos que todo cuento sostiene de una forma tirante el conflicto de la historia hasta su resolución. Pero es el tópico de la espera el que provoca cierta inquietud adicional en el lector, que, además de querer resolver el conflicto, debe esperar al lado de los personajes. La espera, aquí, construye un modelo de lectura que lleva al lector, que lo conduce hacia el espacio de lo fantástico.

En la misma entrevista antes mencionada, Cortázar propone otra analogía: “Por lo que a mí se refiere, la idea que yo me hago del cuento y la forma en que lo realizo es siempre un orden muy cerrado. Por ahí he escrito que para mí un cuento evoca la idea de la esfera, es decir, la esfera, esa forma geométrica perfecta en la que un punto no puede separarse de la superficie total...”

La idea de la esfera nos remonta a dos aspectos del cuento: el aspecto semántico y su estructura narrativa. Desde lo semántico, la isotopía de la espera sostiene como eje vertebral la historia hasta el final. Los White esperan al sargento Morris, esperan la historia del talismán, esperan la entrega del talismán. El sargento Morris espera que los White no usen el talismán. La señora White espera las doscientas libras. El señor White espera que el hombre hable sobre su hijo; su mujer espera que lo resucite. White espera no encontrarlo. Todas sus decisiones tienen un efecto, y el destino fatal se encarga de mostrárselos. Ellos sólo deben esperar.

Desde su estructura narrativa, el cuento nos ofrece una gama de elementos que hacen que nada sobre ni falte. Cada descripción no detiene por completo la acción sino que le proporciona más condicionantes al suspenso, a lo fantástico.

Gabriel García Márquez, en su respuesta a la carta del puertorriqueño Adalberto Valdez, define “cuento” en contraposición a “novela”: “el cuento es una flecha en el centro del blanco y la novela es cazar conejos”. Y más adelante agrega:

“La intensidad y la unidad interna son esenciales en un cuento y no tanto en la novela, que por fortuna tiene otros recursos para convencer. Por lo mismo, cuando uno acaba de leer un cuento puede imaginarse lo que se le ocurra del antes y el después, y todo eso seguirá siendo parte de la materia y la magia de lo que leyó. La novela, en cambio, debe llevar todo dentro. Podría decirse, sin tirar la toalla, que la diferencia en última instancia podría ser tan subjetiva como tantas bellezas de la vida real.

Buenos ejemplos de cuentos compactos e intensos son dos joyas del género: ‘La Pata de Mono’, de W.W. Jacobs, y ‘El Hombre en la Calle’, de Georges Simenon.”

La respuesta es corta, tal vez pueda imprimirse en tres páginas, pero García Márquez elige elogiar a Jacobs y en especial este cuento. Podemos reforzar nuestra idea de una estructura narrativa sin ningún elemento sobrante ni faltante, desde esta idea de “intensidad” a la que alude el escritor colombiano. Lo compacto y lo intenso se aúnan en este cuento dando forma a la esfera.

Otra opinión, que nos interesa traer a colación, es la de Araceli Otamendi, acerca del papel del azar en este cuento:

“El perfil sicólogico del padre, que ambiciona pagar la hipoteca de la casa como un deseo que puede ser cumplido por un talismán como la pata de mono muestra la pequeñez moral del personaje. El tema es el azar, el azar y la magia, que según Borges es la que manda en la novela y el cuento (El arte narrativo y la magia, J. L. Borges, Obras Completas). La concatenación de azares: la llegada del hombre con la pata de mono que ya había cumplido con los deseos de otras personas que la tenían en su poder, el hecho de haber estado hablando el padre y el hijo de la cifra para saldar de la hipoteca, el primer deseo justamente se ve cumplido: la muerte del hijo por un accidente les permitirá cobrar a los padres la suma que se adeuda por la hipoteca. Luego, los otros deseos, también serán cumplidos: el que el hijo vuelva a la vida, inspira terror porque se adivina la presencia del hijo no se sabe en qué monstruosa forma y por último el deseo de que regrese adonde estaba. Son todos azares concatenados y esa es la lógica de la narración. La magia.”

Esta cita parece presentar una interesante observación acerca de la moral y el perfil psicológico de los personajes. Pero, en nuestra opinión, esto no resulta así. Ya que, es el mismo Herbert quien propone esa idea a su padre. Más que por la ambición, el Sr. White, parece estar movido por una ingenua curiosidad. Sin embargo, la lógica de la narración, en este relato, se teje -como muy ciertamente explica Otamendi-, a partir de la concatenación mágica de los deseos y el azar.

Retomamos nuestra pregunta inicial, ¿cuáles son los requisitos con los que debe contar un cuento para que sea “bueno”? Según Cortázar, la tensión, la geometricidad perfecta de la esfera donde nada sale disparado, donde no hay aristas que lo conduzcan al fracaso. Según García Márquez, la certeza de dar en el blanco, la intensidad en lo compacto. Borges, Bioy Casares y Silvina Ocampo lo seleccionaron para su “Antología de literatura fantástica”.¿No merece, entonces, que a este cuento se le dé una hojeada? Hasta aquí nuestra humilde sugerencia, al resto lo dejamos en manos de nuestros lectores.

(1) LA ESFERA DE LOS CUENTOS, Entrevista realizada el 24 de mayo de 1983 en el hotel madrileño en donde se hospedaba el escritor argentino, por José Julio Perlado. http://www.ucm.es/info/especulo/numero2/cortazar.htm